Articulo: El Festival De Las Calaveras en The Cedar 4/11

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Del momento en que empecé a trabajar como interna en el Cedar y vi el calendario del otoño, decidí que tenía que atender el Festival de Las Calaveras. Como Venezolana, no conocía mucho acerca del Día de los Muertos. Aprendí en el colegio que se trataba de un día dedicado a recordar a las personas que ya no están con nosotros en esta tierra. Me pareció muy interesante, pero no habían muchas celebraciones de ese tipo en mi país que me ayudaran a aprender más. Y aun así, me sentí bienvenida el momento que entre al Cedar Cultural Center el 5 de Noviembre pasado. El teatro estaba lleno de emoción, español e inglés se oían por todos lados, y los rostros de la gente de las Américas sonreían uno con el otro. Aunque esta no era mi tradición, si era mi comunidad, mi lenguaje, y nuestra música.

El concierto empezó con bailes llenos de pasión y palabras llenas de fuerza. La entrada de los bailarines Kalpulli Mexica Yolotl fue colorida y majestosa y dejo al público encantado. Bailaron danzas rítmicas tradicionales Aztecas con orgullo y fuego, con el rostro en alto y cuerpos llenos de energía. Entre los dos bailes interpretados, un grupo de wordslingers Latin@s llegaron al escenario. Con sus palabras llenas de sabiduría, amor, y furia, conmovieron al público y le dieron fuego a sus corazones.

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Alejandro Magallon y Rodolfo Nieto con su banda. Photo por Jon Behm.

Si me concentro bien, puedo recordar las baladas agridulces de mi infancia que sonaban a través de la radio de mi carro en Latino América. El sonido de la voz de mi padre, que cantaba con la música e imitaba cada vibrato y palabra de las grabaciones antiguas. Los recuerdos de la música de mi infancia estaban vivos y vibrantes el momento que escuche a Rodolfo Nieto y Alejandro Magallon cantar. Estos dos cantantes, que se presentan frecuentemente con la Minnesota Opera, interpretaron una variedad de música Mexicana de varios géneros, acompañados por dos músicos tocando instrumentos de cuerda. Decir que el repertorio que tocaron fue conmovedor no le haría justicia. La conexión que tenían con el público era efectivo e íntimo. Cada canción traía memorias y anécdotas del pasado, de la vida de las personas que ya no estaban en esta tierra con nosotros. Aun cuando terminaron su presentación y se preparaban para bajar del escenario, la audiencia pedía ‘otra, otra!’ Rodolfo y Alejandro sonrieron y susurraron entre ellos y los músicos. El público se rió con alegría cuando empezaron a cantar, ‘Bésame, bésame mucho!’

Les siguió Vhaltta, una banda de rock que tenía a la audiencia agitando sus brazos y bailando. El grupo le hizo justicia a su género auto-proclamado “Rockmantic” a través de sus canciones llenas de letra romántica interpretadas con elementos de rock. Tocaron varios covers y canciones propias mientras proveía al público con un show lleno de energía y una presencia escénica poderosa. Su cantante principal salto, bailo, y canto con vigor, guiando a su banda de cinco músicos desde el principio hasta el final de su presentación con dedicación.

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Bomba Umoya durante su presentacion. Photo por Jon Behm.

Después de Vhaltta vino un cambio de género musical dramático cuando Bomba Umoya llegó al escenario con varios tambores grandes y maracas para empezar su set. Habiendo crecido tocando música con mi familia durante los días festivos, fue casi melancólico ver a los miembros de Bomba Umoya sentarse con los tambores entre sus piernas, como si estaban sentándose en la sala de su casa con sus amigos, preparándose para tocar y cantar toda la noche. La banda tocó ‘bomba’, un género que se desarrolló en las plantaciones de caña de azúcar y ron en Puerto Rico hace casi 500 años. La fuerza de su ritmo combinado con el cantar y bailar de sus miembros tenía al público rebotando con emoción. Hasta las personas que previamente estaban sentados en silencio, sin saber cómo mover su cuerpo a la música previa, estaban saltando y bailando durante toda la presentación. Aun cuando su set terminó, la audiencia seguía pidiendo más bombas.

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Maria Isa cantando en memoria de su abuela. Photo por Jon Behm.

Desde el momento que escuche la música de María Isa, meses antes del festival, me emocione por escucharla en vivo. La carga eléctrica de su letra, la fuerza de su voz, la riqueza de sus ritmos que podían hacer bailar a cualquiera. Lo que no esperaba fue el toque personal que apareció en su presentación. María Isa tejió junta su música con la historia de su abuela que había fallecido recientemente. En Latinoamérica, casi nunca mandamos a nuestros abuelos a una casa de ancianos a vivir por su cuenta. Somos muy unidos. Ni siquiera puedo contar la cantidad de veces que mis abuelas me rescataron de un regaño de mis padres, o me cocinaron más cachapas de las que tenía permitido comer solo para verme sonreír. María Isa canto y hablo en recuerdo de su abuela, y se aseguró de que todos supiéramos su historia y cuanto la amaba su nieta. Casi podíamos sentir su presencia en el teatro mientras fluía la música. Fue un buen día para recordar a una mujer tan increíble.

El acto final de la noche fue Guayaba, dirigido por Chico Chávez, quien tuve el privilegio de entrevistar este mes pasado. Mi conversación con Chico fue como un soplo de aire fresco. No había tenido una conversación tan substancial en Español desde hace mucho tiempo, y escucharlo hablar de sus experiencias y sabiduría me inspiro. Después de oír tanto sobre la música de Guayaba, que consiste de un género fusionado de Perú llamado ‘chicha’, estaba emocionada por escucharlos en el festival. Cuando era una niña, mi padre me hablaría maravillas sobre grupos similares en su juventud, y como él iba a verlos y bailar toda la noche hasta el amanecer. Yo nunca había tenido la oportunidad de ver a uno de estos grupos en vivo, hasta que vi a Guayaba. Aun después de tanta música, encontraron la forma de mantener la energía en el teatro fresca y nueva y emocionante! Fue el final perfecto para el festival y dejo a todos con sonrisas de felicidad.

Cuando primero llegué a Minnesota, me costó mucho encontrar la comunidad Latina. El colegio que atendí tenía mucha gente como yo; gente que se mudó de Latinoamérica a estudiar en los Estados Unidos, pero no muchos que habían crecido aquí o siquiera planeaban quedarse (demasiado frío!) Solo cuando llegue a la Universidad de Minnesota fue que conocí más gente de mi comunidad; más que todo porque había un grupo estudiantil dedicado a la gente Latin@ y Chican@ y su cultura. Aun así, no pude atender al grupo con frecuencia, y me sentía muy aislada. Incluso empecé a olvidar mi español! La experiencia de atender el Festival de Las Calaveras fue como un reencuentro con la música de mi infancia y el lenguaje de mi corazón. No sabía que lo necesitaba hasta que tuve la experiencia. Me gustaría agradecer a todas las bandas y los grupos que atendieron al Festival, y a Deborah Ramos, la organizadora, por permitir que este evento tan especial sucediera. Me llego al corazón y me reuní con mis raíces y cultura; y creo que eso es una de las cosas más bellas que uno puede hacer.

 

– Ines Guanchez
Interna de Mercadeo & Contenido